¿Por qué soñamos?

Las glándulas lacrimales suspenden su actividad y todo el cuerpo comienza a prepararse para la fase reparadora del sueño. El corazón late más lentamente, el cerebro queda menos irrigado por la sangre mientras ocurre lo contrario con la parte inferior del cuerpo, y en sustitución, el líquido raquídeo fluye hacia el cerebro, aunque las condiciones de la circulación sanguínea se inviertan hasta un cierto grado. Aparece una relajación de los músculos y desaparecen casi por completo la conciencia y la capacidad de percepción. Unido a la modificación de la actividad nerviosa, músculos y glándulas, se produce un cambio en los procesos químicos del cuerpo y las energías gastadas se renuevan.

Naturalmente que mientras dormimos no desaparecen por completo las funciones físico-anímicas, solo disminuye su actividad. El cerebro continúa siendo responsable de la dirección de los procesos vitales, incluso mientras dormimos, los miles de millones de células cerebrales altamente sensibles emiten débiles corrientes eléctricas. Así pues sabemos que debemos soñar, pero lo que no podemos explicar aún es por qué tenemos que hacerlo.

Existen diversas teorías que dan ofrecen posibles respuestas. Sigmund Freud decía que el sueño era como un “camino real” hacia la comprensión de las fuerzas y manifestaciones del inconsciente, y en su opinión, el sueño proporciona la oportunidad para que se desfoguen los instintos primitivos que durante el día se ven oprimidos por la influencia de las más altas funciones del entendimiento. De este modo, el sueño no sería más que una especie de medio antineurótico.

Otra de las suposiciones es que el hombre necesita el sueño para procesar la gran cantidad de impresiones que ha recibido mientras estaba despierto, sin que las pudiera percibir conscientemente.

Finalmente, también se ha indicado que la monotonía, el asilamiento, la insuficiencia en los órganos sensoriales de estímulos exteriores- como, por ejemplo, durante un viaje en solitario en automóvil por la noche- pueden conducir a la aparición de las alucinaciones similares a sueños. Evidentemente, el cerebro se aburre en esta clase de soluciones y produce percepciones absurdas para estimularse. De ellos se puede deducir que para funcionar ordenadamente, el cerebro necesita un estímulo continuo y mientras dormimos, el sueño parece procurar el estímulo correspondiente.

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