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Antropología y educación

Escrito por Ademir / 16 de julio de 2009

La antropología de nuestro tiempo parece hallarse en una seria disyuntiva: trata de establecer cuál es el origen y procedencia de los diferentes grupos étnicos del mundo, justo en una época en la que se proclama que el fomento a la diversidad es una clave para la solución de los problemas más graves de la humanidad. ¿Pero ciertamente es así? ¿Cuál sería el papel formativo de la antropología contemporánea? Analicemos alguna posible respuesta, a continuación.

En siglos pasados se buscaba, subrepticiamente, que los estudios antropológicos dieran como resultado conclusiones que favorecieran los intereses imperialistas de ciertos regímenes o gobiernos.

La justificación de la violencia

Un pueblo poderoso estaba predestinado a someter a la comunidad débil, si las investigaciones científicas propias de los antropólogos, demostraban que aquella estirpe fue de las primeras en aparecer en el mundo, y por lo tanto ostentaría cierta pureza de raza, o derecho natural, de hacerse arbitrariamente de los bienes, o de los productos de los demás países.

Por el contrario, las naciones advenedizas, varias de ellas habitadas por grupos de aborígenes propios de esas regiones, serían la evidencia de un desarrollo antropológico atrofiado o insuficiente. El logos del pasado era antropológico: las genealogías lo justificaban todo.

La violencia de la justificación

En nuestros días, por el contrario, lo que se debería lograr, de acuerdo a las transformaciones de la posmodernidad en el ideario de las sociedades contemporáneas, es un tratamiento antropológico que diera cuenta precisamente de las diferencias, de la otredad, de la alteridad, del derecho de los demás a existir, más allá de su distinción, o precisamente por esa misma particularidad.

Si la realidad no es más que un diálogo ininterrumpido, el respetar y celebrar la presencia de lo plural en el mundo, es la vía más adecuada para que esa vitalidad no se anquilose y la realidad continué en su marcha imperiosa. Así entonces las nuevas generaciones deberían ser educadas bajo los paradigmas de este novedoso tratamiento de la antropología, en donde buscando lo que nos hace tan diferentes, aparece como consecuencia, aquello que nos vincula más allá de cualquier distinción.

El origen del hombre debe difuminarse, y dejar de ser una máscara de la violencia de la justificación, para dar paso a los humanos del origen permanente, los seres de la perpetua aurora, ahítos de ganas de vivir, de aprender, y de experimentar hasta los detalles más discretos de la existencia.

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