Escrito por Ademir / 3 Diciembre 2009
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Educación y entomofagia: el alimento de los dioses
La educación actual se ciñe a lo académico, a las ciencias, a lo funcional. Y es que la supervivencia y el bienestar de la humanidad es lo que incentiva cualquier tentativa educacional. Eso resulta correcto y comprensible. Sin embargo no es la única vía para intentar ese objetivo, puesto que otras culturas han tratado de aproximarse a esa meta, desde puntos de vista menos abstractos y más originales, nada comprometidos con nuestra razón instrumentalizante de corte metafísico y más cercanos a los terrenos inasibles de la alteridad.

Tal es el caso de la tradición entomofágica mexicana, una forma cultural de raíces indígenas prehispánicas que se cultivaba desde tiempos inmemoriales para alcanzar salud y una vida feliz para miles de personas en los imperios antiguos de Mesoamérica.

El alimento divino

Alimento de gran contenido proteínico, los insectos son parte integral del menú cotidiano en varias zonas de la República Mexicana. Desde los tiempos prehispánicos se adquirió la costumbre de consumir muchas especies de estos animales con fines tanto nutricionales como curativos. Hoy en día, se comen hasta 504 especies de insectos en diversos estados de México como por ejemplo, Puebla, Oaxaca o Tlaxcala.

Algunas de las enfermedades que se tratan a partir de la ingesta de insectos, en estas regiones del país son de orden nervioso, digestivo, circulatorio, respiratorio y óseo. No hay que perderse la oportunidad de viajar hasta estos rincones de México, y degustar en tianguis y mercados populares, así como en diversos restaurantes de alta categoría deliciosos guisos preparados a base de chinches, escarabajos, mariposas, hormigas chicatanas, avispas, gusanos de maguey, gusanos chinicuiles, jumiles, escamoles (huevos de hormiga), chapulines (saltamontes) y otros insectos provenientes de las diversas áreas silvestres del país.

Acercarse a las raíces del ser

Pero además, este viaje propuesto no es sólo de orden geográfico sino también interior. Viajar al México profundo, al México indígena, es lo mismo que hacerlo a cualquier otra sede de culturas alternativas, en donde una persona puede verse en el espejo de lo absolutamente diferente, en el espejo de la otredad. Y practicar la entomofagia aun en sentido turístico no deja de compartir un cierto ritualismo atávico, una forma de religación con la tierra, el aíre, la vida germinal. Una singular anamnesis que nos devuelve a una oscura primordialidad que nos permite ver que tanto nos hemos alejado en una luz que ya no deja ver (nos) (en) nada.

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Comentarios ( Un registro )
Educación como ofrenda de la naturaleza | Educación y formación dice:
11 de Diciembre de 2009

[...] esta perspectiva profunda de la naturaleza, la tenemos en una impresionante ciudad prehispánica en México. Justamente en el estado mexicano de Tlaxcala se localiza un centro arqueológico de gran [...]



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