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Figuras de Leyenda: Las Amazonas

Escrito por Ruth / 28 de enero de 2009

Las Amazonas son ese pueblo de mujeres guerreras de la Antigüedad, entre quienes debió de ser costumbre matar a los hijos varones conservando solo a las hijas. La leyenda de las Amazonas se desarrolló en muchas partes del mundo y de forma independientemente: en el Mediterráneo, en Escandinavia, en los mares del Sur, en Japón, Alemania… y para muchos han sido la prueba de que el feminismo se remonta más allá de los años sesenta.

Amazona preparándose para la batalla (Pierre-Eugène-Emile Hébert)

Amazona preparándose para la batalla (Pierre-Eugène-Emile Hébert)


Se conocen las tradiciones sobre las Amazonas y casi siempre se asegura que habían vivido en una isla alejadas de otras civilizaciones. Posiblemente se encuentra aquí la solución al enigma. En las islas de escasa productividad agrícola existió esta costumbre de separar radicalmente a ambos sexos para evitar una amenazadora superpoblación y, con ello, el hambre. El instinto de supervivencia hizo que los hombres y las mujeres sólo se pudieran encontrar en grandes intervalos de tiempo, cuando la época de fertilidad era la propicia.

Desde la Antigüedad

En los comentarios antiguos se habla incluso de islas separadas para ambos sexos y de acuerdo con esto, la leyenda de las Amazonas habría nacido de una especie de autolimitación biológica en tiempos históricos. La semejanza con la actual problemática del control de natalidad es evidente.

Las Amazonas han sido interpretadas desde nuestros tiempos como el mayor símbolo de la mujer en libertad formando comunidad. Diestras en el arte de la guerra y habilidosas con las armas, imponían respeto a los contrincantes varones que se cruzaban con ellas ya que en aquella época (y hoy en día) poseer armas era sinónimo de poseer poder. Era tal su ideología, que al parecer se hacían amputar un pecho para disparar mejor el arco.

Revisión del actual sistema social

El interés sociológico que puedan despertar estas comunidades tan particulares en la actualidad es precisamente la ruptura del concepto de la figura masculina como eterno patriarca. En esa época tan antigua, y que consideraríamos arcaica, ya rompieron con los estereotipos fijados del hombre como cabeza en la estructura social y la mujer como mera acompañante, que tanto reivindicaban las nacidas feministas de los años sesenta. En esta comunidad los papeles se invierten e incluso uno de ellos casi se omite, dejando paso a un género casi autosuficiente, si no fuera por la necesidad básica e inevitable de sus genes para su propia supervivencia. Y es que por más que nos empeñemos, nuestra especie no puede subsistir ni evolucionar sin la ayuda de la otra parte.

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