Cultura General

La figura del maestro

Escrito por Ademir / 3 de febrero de 2009

En muchas ocasiones los desarrollos pedagógicos se concentran demasiado en el aspecto teorético de sus planteamientos o fundamentaciones, procurando, o bien estar ansiosamente a la vanguardia con el uso de nuevas tecnologías, o revolucionar a ultranza el revolucionar por completo los métodos didácticos con el objeto de defender determinada escuela y fomentar su preeminencia. En ambos casos tal vez se deje relegado o en segundo término, lo que debería ser lo más importante: el vínculo humano entre alumno y maestro.

El valor humano del enseñar

El mundo es una relación dialogante. Aún si solo fuese con nuestra propia conciencia, el entramado de la realidad percibida solo cobra su cabal sentido a través de la comunicación y la palabra, de tal suerte que, de acuerdo al entorno lleno de vida y transformaciones que experimentamos momento a momento y que la educación tiene por fin interpretar y hacer conocer y entender, el recurso de la simple palabra escrita se torna escaso y hasta insatisfactorio.

Mucho de lo que queremos capturar, esa fuente inagotable que produce el ser del mundo, se aleja, más que acercarse, en la abstracción de los conceptos ceñidos a los textos impresos, y así la actividad didáctica que concentre únicamente sus energías es la fijación de los conocimientos en la memoria del estudiante por la vía escrita no hará más que olvidar la esencia misma de la enseñanza: ser posibilitadora de vida y humanidad.

El ejemplo de los sabios antiguos

Es por eso que los maestros han de procurar tomar conciencia de la gran responsabilidad que tienen como modelos y figuras no solo transmisoras, sino también como portadoras de conocimiento y forjadoras de realidad, puesto que no solamente han de enseñar el mundo a los estudiantes, sino ayudarles a crearlo juntos en el proceso enseñanza y aprendizaje, con dinamismo, ludicidad y vitalidad indeclinables.

Vale la pena, para comprender la trascendencia de lo comentado, rememorar el modo en que actuaban los antiguos filósofos griegos como maestros. Por ejemplo Sócrates, quien más allá de enfrascarse en impartir a sus discípulos lecciones acerca de complejos sistemas de pensamiento que explicaran la realidad, se preocupó más por ejemplificarles como se podía, y más aun, debería, vivir en función de la búsqueda misma de la verdad y el conocimiento; procurando, por esa misma circunstancia, establecer un apego incondicional a sus alumnos y dando una intensa lección de vida, además de la reflexiva, a través del cuidado de su propia integridad ética y moral. Además, de nunca renunciar al diálogo como principal recurso didáctico.

Tags: , ,

1 comentario

  1. [...] a la larga esto no es favorable para una comunidad beneficiosa entre las personas. Para Kant, la educación, el cultivo de la razón debe entenderse como una “facultad práctica”, que favorezca la [...]

Deja un comentario